viernes, 4 de julio de 2014

Venezuela: Primer país Suramericano en conseguir su independencia




“En el nombre de Dios Todopoderoso, nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo, que forman la Confederación americana de Venezuela en el continente meridional, reunidos en Congreso, y considerando la plena y absoluta posesión de nuestros derechos, que recobramos justa y legítimamente desde el 19 de abril de 1810... Queremos, antes de usar de los derechos de que nos tuvo privados la fuerza, por más de tres siglos, y nos ha restituido el orden político de los acontecimientos humanos, patentizar al universo las razones que han emanado de estos mismos acontecimientos y autorizan el libre uso que vamos a hacer de nuestra soberanía.”

Así inicia el acta de la Independencia de Venezuela, firmada el 5 de julio de 1811; la redacción de este documento, fue encomendada ese mismo día al Diputado Juan Germán Roscio y al Secretario del Congreso, Francisco Isnardi, a petición del Congreso de las Provincias Unidas de Venezuela después que este declaró con 40 votos a favor a Venezuela una nación independiente.

El acta soberana, que debía contener "todas las causas y poderosos motivos que nos habían obligado a declarar nuestra independencia", fue aprobado por el Congreso dias posteriores y publicada en Caracas el domingo 14 de julio, asi mismo fue izada en la Plaza Mayor (actual plaza Bolívar) y el Cuartel San Carlos la bandera tricolor diseñada por el Generalisimo Francisco de Miranda bajo aprobación del Congreso.

El lunes 15 de julio se procedió en la sede del Ayuntamiento a la solemne jura de la Independencia por parte de las principales autoridades: lo hicieron primero los Diputados, luego el Poder Ejecutivo, después la Alta Corte de Justicia, el Gobernador Militar de Caracas y el Arzobispo.


Datos Relevantes:

·    Venezuela fue el primer país suramericano en conseguir su independencia del imperio español, a través de la declaración del 19 de abril de 1810 y su posterior firma del acta un 5 de Julio de 1811.

·      Para esa época, Vicente Emparan, el último Capitán General de Venezuela, fue destituido por el Cabildo de Caracas, dando paso a la formación de la Junta Suprema de Caracas, primera forma de gobierno autónomo.

·     La sesión se realizó en lo que actualmente conocemos como la esquina de Las Monjas, actual sede de la Alcaldia del municipio Libertador, donde se mantienen los espacios del altar de la Patria para el disfrute de todos los venezolanos.

·      A fines del año 1.907, el historiador valenciano Francisco González Guinán en una de sus visitas a la familia Navas-Gutiérrez observa dos gruesos libros que son usados por una niña como asiento para poder alcanzar las teclas del piano, terminada la practica y al ojear esos ejemplares se da cuenta que entre sus manos está el libro de actas del Congreso de Venezuela.

·     El Dr. González Guinán consigue que la señora Gutiérrez le obsequie  aquella obra, se traslada a Caracas, se encamina hacia la sede de la Academia Nacional de la Historia, allí muestra el ejemplar que por tantos años fue buscado y que producto de la falta de conocimiento del valor historico sufrió los avatares de la ignoracia que padeció el pais por esa época, los eruditos gratamente reconocen su auténticación; y lo hacen público el 5 de Julio de 1.908.


martes, 24 de junio de 2014

El Alma del historiador: Ramón J. Velásquez


Homenaje al hijo ilustre del corazón del Táchira,  Dr. Ramón J. Velásquez, nacido en  San Juan de Colón, un  28 de noviembre de 1916, bajo el régimen de otro andino, Juan Vicente Gómez, pero  con la diferencia de que el Dr. Velásquez,  se preparó con una pluma y su comprensión para romper con la tradición marcial de los andinos.

Con una intervención de cincuenta y seis minutos y cuarenta y nueve segundos, el Dr. Velásquez, concedió entrevista a esta tachirense, paisana y colega periodista de Colón, conversamos de manera muy amena sobre sus  orígenes como reportero en 1941, para el diario Ultimas Noticias, recordando con efusividad la fundación  de la  Federación Venezolana  de Estudiantes (FVE),  hecho que lo llevaría al mundo de la política por muchos años. Su graduación como abogado, en 1942,  y el ejercicio del periodismo, arraigado en sus venas para siempre, en los diarios  Ultimas Noticias, La Esfera y La Provincia. Colaborando para el diario El Nacional, del Táchira.

Con nostalgia recuerda  la entrevista que  en 1945, le realizó al embajador y candidato a la presidencia,  Dr. Diógenes Escalante, su  astucia y sagacidad, lo llevan a redactar un trabajo impecable, a pesar de que la dinámica con el entrevistado no tuvo la fluidez que Velásquez esperaba.  El artículo fue publicado, Escalante lo llama y le pide que sea su secretario privado. Cargo que duró muy poco,  así lo expresó el Dr. Velásquez: “Recibí una llamada de Miraflores, que el presidente General Medina, quería hablar con Escalante; cuando yo se lo comunique al Doctor, él se asustó, agarro sus cosas y se fue. Cuando llegaron los edecanes a buscarnos, yo tuve que ir solo a Miraflores y explicarle al General Presidente que el Doctor Escalante se había ido, a lo que el presidente me respondió: ¡Ese Señor, está loco! Era mi candidato”.

Luego de este acontecimiento el Dr. Velásquez continuó narrando  el golpe de 1945, contra Medina, liderados por  Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Rómulo Betancourt, asumiendo la presidencia de la Republica, Rómulo Gallegos.

Velásquez, se aleja un poco de la fuente política y se concentra en su labor periodística, esta vez en el diario El Nacional, bajo la dirección de Miguel Otero Silva.  Cuenta  sobre su breve paso como prisionero y los tormentosos momentos  de inestabilidad política de aquellos tiempos.

Recordó su paso por Miraflores, cuando ejerció el Despacho de la Secretaria, bajo el gobierno de Rómulo Betancourt donde tuvo acceso a invaluables documentos históricos,  emprendiendo una labor portentosa, la creación del Archivo Histórico de Miraflores y la posterior edición del boletín del Archivo. Así como sus trabajos junto a Manuel Pérez y Pedro Grasses  sobre el Pensamiento Político Venezolano del siglo XIX.

Es importante destacar que con motivo del Cuatricentenario de la ciudad de San Cristóbal, el 31 de marzo de 1961, el  Doctor Velásquez, funda la Biblioteca de Temas y Autores Tachirenses, biblioteca que hoy sobrepasa el centenar de volúmenes.  Para 1972, edita dos obras que le acreditarían reconocimiento: La caída del liberalismo amarillo: tiempo y drama de Antonio Paredes, trabajo que le otorgaría  el Premio Municipal de prosa en 1973 y Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez.

Para 1983,  con motivo del Bicentenario del Natalicio del Libertador, inicia el trabajo de recopilación y edición del siglo XX venezolano.  Este trabajo de investigación arrojó como resultado 130 volúmenes publicados hasta 1992. Dos siglos de historia  significaron para el erudito tachirense  constancia, dedicación y pasión, como el mismo diría: “Los años de silencio están allí hablando”.

El reconocimiento público, como político e intelectual  lo llevan, a la Presidencia de la República de manera transitoria, hasta el 2 de febrero de 1994.

Hoy, día de San Juan, fecha central del patrono de la ciudad de San Juan de Colón, tierra que lo vio nacer, se despide el ilustre hijo a sus 97 años de edad que resuenen los tambores, que canten los ángeles negros, que canten los ángeles blancos,  que las palmeras se muevan al compas de la melodía, y que brille eternamente el alma del historiador, del periodista, que Luis Hernández,  toque magistralmente su piano, en silencio para que la diosa Clío, lo recibe en su regazo, rindo tributo  al tachirense que sin dejar a un lado su actuación política, logro inmortalizarse a través del rescate de la memoria histórica de la Venezuela de los Siglos XIX  y  XX. 
 
En las instalaciones del IESA - Caracas donde tuvimos la oportunidad de compartir con el Dr. Velásquez. 

sábado, 10 de mayo de 2014

Esquina de Canónigos



El Obispado de Caracas en 1698, decidió que los cementerios se establecieran junto a las iglesias parroquiales. De este modo, con los templos surgieron las primeras necrópolis; siendo el más antiguo “San Mauricio”, y los más transcendentales “San Pablo y Catedral”. Los conventos destinaban un camposanto para los integrantes de sus órdenes religiosas y a personajes cuyos deudos pagaban la bóveda.
El primer cementerio público de la ciudad fue el que existió en el extremo oeste de la hoy avenida San Martín, allí fueron sepultados las victimas del terremoto de 1812. En su obra “Caracas Física y Espiritual”, el poeta Aquiles Nazoa refiere, “…al pequeñísimo cementerio que fundaron a principios del siglo XIX, los hermanos de la Cofradía de San Pedro, y que fue el último  sobreviviente de una larga familia de cementerios desaparecidos, debe su nombre de los Canónigos esa céntrica esquina de Caracas”.
Los canónigos son miembros del Cabildo Catedral que velan por los “sagrados cánones” y demás disposiciones eclesiásticas. Se dividen en doctorales, lectorales, magistrales,  confesores y reglares, todos a la orden de la junta, según regla de San Agustín.
El historiador Arístides Rojas señala que la “Cofradía de San Pedro”, estaba  conformada por los canónigos de la Catedral, sumándose cuarenta hermandades religiosas que tenía Caracas para la época de la Independencia, con el propósito de rendir culto  al apóstol y  la construcción de ermitas. De hecho, la primera capilla de San Pedro, que se erigió se encuentra en uno de los laterales del altar de la Catedral.
El cementerio de los Canónigos ocupó el lugar donde la tradición sostiene que, en 1637,  se plantaron las primeras rosas traídas a Caracas. Estuvo en uso hasta 1858, y en él fue enterrada, en 1842, doña María del Socorro Berrotarán, esposa del cuarto y último Marqués del Toro. Este camposanto habría sido demolido en 1951.
El sempiterno cronista de Caracas Enrique Bernardo Núñez  narra que a mediados del siglo XIX, el cólera invadió la costa de Venezuela y causó muchos decesos. El número de muertes en Caracas pasó de dos mil. Los exangües eran enterrados  en zanja, detrás del Cementerio del Norte, o de San Simón. El mal estado de los sacramentales  caraqueños hizo concebir el proyecto de construir uno más decoroso.
En el Diario de Avisos, don Mariano de Briceño refirió el historial de los “Hijos de Dios”, afirmando la premura con que se recolecto el dinero necesario y se allanaron dificultades para lograr tal cometido; se dice que fue obra del “espíritu de asociación”. Inicialmente se pensó en los solares del hospital militar en las adyacencias del conocido cuartel “San Carlos”, pero los estudios de ingeniería evidenciaron que sus vertientes se dirigían a la quebrada del Catuche, la cual surtía de agua a la ciudad, y no era conveniente arriesgar la salud de los moradores.  Se eligió entonces la “vistosísima planicie que orilla la gran quebrada a las faldas del Ávila, y desde donde se goza de una admirable perspectiva del valle de Caracas”. Los planos trazados por Olegario Meneses, y las obras estuvieron a cargo del Sr. Mariano Muro.  
La primera piedra fue colocada el 2 de noviembre de 1855  -día de los Difuntos- y junto a ella, un envase de cristal con documentos relativos a la obra.  Al año siguiente se dibuja el nuevo cementerio “Hijo de Dios” en los planos de la ciudad. Se le clausura en 1876, y es demolido por completo en 1951 para edificar la urbanización “Diego de Losada”. En las lapidas que cubrían sus nichos podían leerse los nombres de José Ribas Palacios, hijo de José Félix Ribas y de su esposa María Josefa Palacios, igualmente  Ramón Díaz, colaborador del historiador Rafael María Baralt, autor de la célebre obra “Resumen de la Historia de Venezuela”.

Cementerio de los hijos de Dios 


Los cementerios, cuyas blancas tapias y altos cipreses adornaron por mucho tiempo el ámbito de la ciudad de una poesía triste y serena, fueron abandonados o demolidos al inaugurarse, por Guzmán Blanco en 1876, el Cementerio General del Sur. Prohibiéndose la inhumación en antiguos sacramentales de la ciudad, incluyendo dentro de las iglesias y capillas. Esta prohibición no fue acatada sino hasta 1879 cuando Guzmán Blanco regresó al poder. 

lunes, 7 de octubre de 2013

Esquina de San Jacinto



El terremoto del jueves Santo, como llaman al sismo que ocurrió el 26 de Marzo de 1812,  causo graves daños a los templos de Altagracia, La Trinidad, La Merced, San Mauricio y San Jacinto,  Simón Bolívar, quien vivía en las adyacencias, en su casa del vínculo ubicada en la esquina de Gradillas; en medio de aquella catástrofe natural, ocurrido en plena  gesta independentista interrumpe el discurso del fray Felipe Mota,  justo en ese lugar; quien vociferaba en contra de los sucesos que conllevaron al  nacimiento de la Republica de Venezuela;  invocando que  el temblor fue un castigo de Dios por los supuestos pecados que se habían cometido incluyendo la rebelión contra el rey Fernando VII.  “¡Si la Naturaleza se opone – pronunció  Bolívar – lucharemos contra ella y haremos que ustedes nos obedezca…!” refiriéndose al clero.

La superstición y el fanatismo religioso inspirado por el terremoto lograron inclinar la balanza en favor del gobierno español y las deserciones a la causa patriota se contaban por miles, al extremo de que el general realista Monteverde reforzó su ejército mediante una terrorífica recluta de hombres, jóvenes y adolescentes de las ciudades conquistadas, que habían sido dañadas por el temblor. Caracas cayó de nuevo en poder de los realistas y el gobierno patriota se vio obligado a capitular, el general Miranda se refugió en La Guaira, lo demás es ya conocido.

La construcción de la iglesia y  Convento del padre dominico, San Jacinto; que hoy lleva el nombre de la esquina; se debe a las donaciones por mandato del cabildo que hicieran sus parroquianos, entre ellos se encontraba, Don Simón Bolívar “El Viejo” – relata  Enrique Bernardo Núñez- en sus comienzos el recinto dedicado a la oratoria era de paja con riesgo de incendio por los cirios que se prendían en ese lugar. En 1608, el prior, fray Jacinto de Soria, solicitó se le concediera la ermita de San Sebastián y San Mauricio, hoy  “Santa Capilla”, esquina del mismo nombre. Ya que su techo eran de tejas, con la intensión de preservar la representación del “Santísimo Sacramento”. Petición que no fue aprobada, como estímulo recibió dos solares que colindaban con su humilde oratorio, bajo condición de que uno de ellos quedase para la plaza del convento.

Medio siglo después, uno de los solares se encontraba baldío; los regidores exigieron a los dominicos que no edificase cosa alguna en él, ya que se requería  para la construcción de la plaza que daría disfrute  a los lugareños y embellecimiento a la iglesia. El prior acepto complacido la propuesta “por convenir al convento la ejecución de la plazuela”. En 1809, este lugar apacible y silencio fue invadido por los mercaderes, los dominicos indignados, protestaron,  por la situación que se vivía, pero el ayuntamiento, en vista del aumento de la población en Caracas, ya se  hacía insuficiente el mercado  en la Plaza Mayor, resolvió habilitar para el expendio de víveres las explanadas de Altagracia, San Pablo y San Jacinto. Este último  sería destinado a  la venta exclusiva de  pan, frutas y dulces.


Suprimidos los conventos de hombres por decreto en 1837,  la edificación fue utilizada como sede  a la municipalidad, una parte habilitada como cárcel, y en ella estuvo preso Antonio Leocadio Guzmán,  redactor del “El Venezolano”, condenado a muerte  por estar implicado  en los hechos ocurridos en el país en 1846. De igual manera, en este lugar el presidente José Tadeo Monagas,  permutó la sentencia  de muerte por la del destierro, regresando al país en 1849.  Al transcurrir los años, bajo el gobierno del General Guzmán Blanco, cambiaría el nombre de la plaza por el calificativo del periódico fundado por su padre;  mandando a levantar una estatua de Antonio Leocadio Guzmán en el parte que se le pretendió ejecutar. La efigie decretada por el congreso, en 1882, cuando ya era un octogenario. Describen las crónicas que cuando fue juzgado Leocadio Guzmán, se presentaron a las barras del tribunal sus copartidarios usando todos corbatas amarillas, significativo del nacimiento de la Federación.

En 1865 se destinó el edificio a Mercado Central, el convento ya desgastado por los años, fue derribado en 1881. Posiblemente lo único que se conserva de él sea el retablo del altar mayor, ejecutado hacia 1740. Retablo transportado a la población aragüeña de San Mateo e instalado en la iglesia, donde hoy se encuentra. 




Ing. Juan Hurtado Manrique
El Mercado de San Jancito, fue inaugurado en 1896,  según planos del ingeniero Juan Hurtado Manrique, las estructuras de hierro fueron traídas de Bélgica. Desarrollándose en estos espacios la actividad comercial que se ejecutaba en la Plaza Bolívar. La Plaza de San Jacinto o "El Venezolano"  fue utilizada por personas dedicadas a la economía informal, lo que influyo en el  malogro de sus espacios; hoy en día; despejada  y recuperada; es un lugar donde caminan miles de personas diariamente. Es  punto de referencia para quienes visitan la Casa Natal del Libertador, Simón Bolívar. Museo que conserva piezas originales de la residencia y prendas del padre de la Patria. Declarada en el 2002, Monumento Nacional.


Dicha plaza contentiva de tanta historia; fue decretada  Monumento Histórico Nacional en 1977. Recordando el convento de San Jacinto que da nombre a la esquina, construido en el siglo XVI. Como dato curioso existe en este céntrico lugar, un reloj de piedra que se le atribuye al barón  Alejandro de Humboldt, grabado en 1703, ubicado originalmente frente a la iglesia de los Dominicos.