jueves, 23 de junio de 2011

Esquina de Sociedad

El ángulo noreste de esta arista, que fue conocida inicialmente con el nombre de don Martín Chavarría o Echeverría, tuvo su sede la “Sociedad de Economía y Amigos del País”, ordenaba por el rey Carlos III,  como una forma de  impulsar la explotación y comercialización de sus colonias hispanoamericanas. En 1811, en ese lugar,  se instaló, la “Sociedad Patriótica”, factor decisivo en el establecimiento de la República de Venezuela.  En tal ocasión,  resonaron en sus paredes  los exaltados discursos  de sus miembros, figuras como: Miranda, Bolívar, Antonio Muñoz Tébar, Francisco Espejo, los hermanos Salías, Vicente Tejera, Coto Paul, entre otros. Discutían contra las incertidumbres de los Representantes al Congreso y exigían  la declaración de la independencia.
Diversos autores describen la mansión con amplio portalón, puerta de madera oscura claveteada, zaguán, corredores enladrillados, elegantes pilares y hermoso jardín le adornaban. Desde esta casona, algunos congresistas  palpaban que la “Sociedad Patriótica” trataba de convertirse en otro cuerpo deliberante, entre los revolucionarios, Bolívar, al percatarse de la situación, exclama:
“…¡Que los grandes proyectos deben prepararse en calma! Trescientos años de calma ¿no bastan? La Junta Patriótica respeta, como debe, al Congreso de la Nación, pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos”.
Luego del estremecedor discurso en esta casa libertaria, del joven Bolívar; la comisión patriótica salió, a través de sus puertas, exigiendo autonomía, sin embargo, los acontecimientos que suscitarían por todos conocidos seria de guerra y desolación para Venezuela.  Diez años después, como lo destaca el historiador venezolano Hebert López le corresponderá al Libertador,  Simón Bolívar, quien acampando en la llanura de Taguanes y después del toque de diana, de aquel  24 de junio de 1821, día de San Juan, emprende su  inmortal marcha hacía la memoria imperecedera de los tiempos.
Esta esquina, es el lugar, donde se inician  los sucesos que permitieron la  independencia  de Venezuela, convirtiéndose así en una Estado  soberano. Repercutiendo favorablemente en las ofensivas de liberación que se llevaría a cabo en la América Meridional. Bolívar después de conducir al ejército libertador por los confines de Nueva Granada, Quito, Perú y el Alto Perú regresa victorioso, en 1827, a su ciudad natal,  Caracas. Hospedándose por última vez, en su casa de las Gradillas que quedaba a una cuadra de la esquina de Sociedad; despidiéndose de su terruño un 4 de julio para marchar a Bogotá; y regresará en 1842, cuando sus restos mortales son trasladados desde Santa Marta, en cumplimiento de su última voluntad testamentaria;  y velados en la esquina  que atesora el templo de San Francisco.
La casa de Sociedad, de amplias rejas y hermosos corredores  con jardines, fue por muchos años morada familiar, luego adecuada como almacén de víveres…  hasta que fue demolida para dar paso a un edificio con fines comerciales. La casona que reunió a la “Sociedad Patriótica”, ¡no existe! Solo, unos históricos ecos de las arengas del “Padre de la Patria” reclamando ¡Libertad! Nos recuerda que así fue bautizada esta arista desde los días delirantes de la independencia.
Desde esta columna queremos enviarles un fraternal saludo al Ejercito Bolivariano, digno heredero de las glorias de nuestros Libertadores en sus 190º Aniversario de la “Batalla de Carabobo”.
 Esquina de Sociedad hacia 1867.

De Sociedad a Gradillas (1893)


La esquina para 1940

En la actualidad solo el eco histórico nos recuerda la Sociedad Patriótica, de allí su nombre.

martes, 14 de junio de 2011

Esquina de “Los Traposos”


Adquiere su nombre por la desafortunada familia que allí residía. Después de contarse entre los acaudalados de la época, acogieron un infortunio de riqueza que los condujo a la miseria, generando compasión entre sus vecinos quienes tuvieron la precaución de recolectar ropa que les enviaron para que cubrieran sus cuerpos.

El cronista Enrique Bernardo Núñez  apunta que el primer ceremonial que rigió la publicación del Edicto de la Santa Fe y Anatema, el tercer domingo de Cuaresma de 1779, se menciona la calle de “Traposos”, entonces de “José Francisco Landaeta”, y Lucas Manzano expone “lo nada poético del nombre con el cual  los mantuanos la estamparon”. 

Los Mantuanos fueron la clase social aristocrática de raza blanca, descendientes de los conquistadores que vinieron a Venezuela desde el siglo XVII;  a lo largo del período colonial español y se mantuvieron luego de la gesta independentista, cuyos  principios se basaron en el honor y el valor de la hidalguía como fundamento de la jerarquización social. Entre las causas que originaron la guerra de la independencia  en Venezuela fue el interés de los mantuanos en ocupar poder político que ostentaban los gobernantes impuestos por la corona española.

Su riqueza se fundaba en la posesión de haciendas de cacao, por ello eran apodados como “grandes cacaos”, para referirse a la persona pudiente, los hombres para marcar su posición social usaban bastón, cadenas, y sombrero; las mujeres empleaban mantos  o mantillas para asistir a la misa, de allí el nombre “Mantuanos” aunado  a esto,  le colocaban cascabeles a  los ruedos de sus vestidos, para así advertir que se acercaban y se les concediera el paso.

Tenían sus asientos fijos en la iglesia, lo compraban, las mujeres se hacían acompañar de una esclava que le llevaba la alfombra donde la descendiente de españoles se arrodillaría para ofrecer sus oraciones. Camino al templo o de visita a un paisano usaban quitasoles, y eran escoltados por esclavos guiándoles el camino; con lamparitas si era de noche o cargados en sillas finamente ataviadas de día. Eran las  únicas personas que se les concedía el derecho a utilizar el título de “Don o de Doña”, y se reflejaba en su acta de nacimiento.
Se ha dificultado encontrar información de la familia que habitó en la esquina, lo cierto del caso, es que posiblemente cayó en infortunios económicos, por apuestas en juegos  de cartas; los mantuanos se reunían a compartir y los hombres aprovechaban la ocasión para hablar  asuntos de negocios, entre bebidas, tabacos, juegos, apostaban dinero y ocasionalmente sus bienes; quedando en ruinas. Tan desdichada estaba esta familia que para oír la misa en la iglesia de San Jacinto lo hacía en horas madrugueras evitando que fueran vistos con sus ropas desgastadas y sin la corte de esclavos que guiaban el camino al templo; mayor tribulación.
Conocidos de la situación que padecía aquella familia, resolvieron enviarles ropas fuera de uso para que cubriesen sus cuerpos, pero cuando se vieron atiborrados de trapos comenzaron a clasificarla, revisándola y remendándola para mejorar su aspecto y así poder ofrecérsela a otras personas, sin importar la clase social a montos  bajos. Logrando de esa manera recuperarse económicamente gracias a la venta de la ropa usada. 
Estableciendo el primer puesto de ropavejero de la capital. A partir de  ese momento, quienes le conocían les llamaron “Los Traposos”, y por generaciones aquella familia y sus herederos fueron apodados de tal forma hasta que la denominación quedará atribuida a la populosa esquina.

Fotografía: 1870 desde el oeste, mirando hacia el Chorro, por donde ahora atraviesa la Av. Universidad.

jueves, 26 de mayo de 2011

Un erudito tachirense llamado Ramón J. Velásquez

El pasado miércoles, 25 de mayo se realizó en las instalaciones de un reconocido instituto de estudios superiores, con la comunión del grupo editorial Macpecri, y su producto “El Desafío de la Historia”, un merecido homenaje al Dr. Ramón J. Velásquez, nacido en  San Juan de Colón, estado Táchira,  el 28 de noviembre de 1916, bajo el régimen dictatorial de otro andino, Juan Vicente Gómez, pero  con la diferencia de que el Dr. Velásquez,  se armó con una pluma y su inteligencia para romper con la tradición de los andinos de soles y estrellas.

Con una intervención de cincuenta y seis minutos y cuarenta y nueve segundos, El Dr. Velásquez, hizo un recuento desde sus orígenes como reportero en 1941, para el diario Ultimas Noticias, recordando con efusividad la fundación  de la  Federación Venezolana  de Estudiantes (FVE),  hecho que lo llevaría al mundo de la política por muchos años. Su graduación como abogado, en 1942,  y el ejercicio del periodismo, arraigado en sus venas para siempre, en los diarios  Ultimas Noticias, La Esfera y La Provincia. Colaborando para el diario El Nacional, del Táchira.
 
Con nostalgia recuerda  la entrevista que  en 1945, le realizó al embajador y candidato a la presidencia,  Dr. Diógenes Escalante, su  astucia y sagacidad, lo llevan a redactar un trabajo impecable, a pesar de que la dinámica con el entrevistado no tuvo la fluidez que Velásquez esperaba.  El artículo fue publicado, Escalante lo llama y le pide que sea su secretario privado. Cargo que duró muy poco,  así lo expresó el Dr. Velásquez: “Recibí una llamada de Miraflores, que el presidente General Medina, quería hablar con Escalante; cuando yo se lo comunique al Doctor, él se asustó, agarro sus cosas y se fue. Cuando llegaron los edecanes a buscarnos, yo tuve que ir solo a Miraflores y explicarle al General Presidente que el Doctor Escalante se había ido, a lo que el presidente me respondió: ¡Ese Señor, está loco! Era mi candidato”.

Luego de este acontecimiento el Dr. Velásquez continuó narrando  el golpe de 1945, contra Medina, liderados por  Carlos Delgado Chalbaud, Marcos Pérez Jiménez y Rómulo Betancourt, asumiendo la presidencia de la Republica, Rómulo Gallegos.

Velásquez, se aleja un poco de la fuente política y se concentra en su labor periodística, esta vez en el diario El Nacional, bajo la dirección de Miguel Otero Silva.  Cuenta  sobre su breve paso como prisionero y los tormentosos momentos  de inestabilidad política de aquellos tiempos.

Recordó su paso por Miraflores, cuando ejerció el Despacho de la Secretaria, bajo el gobierno de Rómulo Betancourt donde tuvo acceso a invaluables documentos históricos,  emprendiendo una labor portentosa, la creación del Archivo Histórico de Miraflores y la posterior edición del boletín del Archivo. Así como sus trabajos junto a Manuel Pérez y Pedro Grasses  sobre el Pensamiento Político Venezolano del siglo XIX.

Es importante destacar que con motivo del Cuatricentenario de la ciudad de San Cristóbal, el 31 de marzo de 1961, el  Doctor Velásquez, funda la Biblioteca de Temas y Autores Tachirenses, biblioteca que hoy sobrepasa el centenar de volúmenes.  Para 1972, edita dos obras que le acreditarían reconocimiento: La caída del liberalismo amarillo: tiempo y drama de Antonio Paredes, trabajo que le otorgaría  el Premio Municipal de prosa en 1973 y Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez.

Para 1983,  con motivo del Bicentenario del Natalicio del Libertador, inicia el trabajo de recopilación y edición del siglo XX venezolano.  Este trabajo de investigación arrojó como resultado 130 volúmenes publicados hasta 1992. Dos siglos de historia  significaron para el erudito tachirense  constancia, dedicación y pasión, como el mismo diría: “Los años de silencio están allí hablando”.

El reconocimiento público, como político e intelectual  lo llevan, a la Presidencia de la República de manera transitoria, hasta el 2 de febrero de 1994.

A sus 95 años de edad recibió una serenata del destacado músico tachirense, Dr. Luis Hernández Contreras, quien con maestría toco su piano para deleitar a los presentes, amantes de la historia. Bien merecido homenaje, a un hombre tachirense que sin dejar a un lado su actuación política, logro inmortalizarse a través del rescate de la memoria histórica de la Venezuela de los Siglos XIX   XX. 




Dr. Ramón J. Velásquez acompañado por esta servidora y mi señora madre, la destacada locutora Marina Mora del programa "Nuestra música y algo más" transmitido por la ciudad natal del homenajeado.

Oscar Yanez, periodista y escritor de ¡Así son las cosas! un espacio único en la televisión venezolana, dedicado a la historia doméstica del país, develando así los rasgos autóctonos que nos distinguen como nación y que inciden en la manera en que se desarrollan los acontecimientos.





Dr. Luis Hernández Contreras, tachirense quien magistralmente tocó su piano para deleitar a los presentes, amantes de la historia. 


Junto con Maria Teresa Chacín, mi madre y a la salud de Clío.


jueves, 19 de mayo de 2011

Esquina del Cuartel

La Guardia Veterana de Caracas estuvo instalada desde fines del siglo XVII en el lugar que se conoce como la esquina del Cuartel, en la época de la colonia, este sector se le nombraba como las Sabanas de la Trinidad,  zona estratégica, ya que era un sector elevado, desde donde se podía vigilar el paso hacia La Guaira por el camino  real y la Puerta de Caracas,  hacia el centro del poblado, cuya construcción fue iniciada en 1780.

Para su edificación fue necesaria la disposición de los impuestos de aguardiente, así como el empleo de mano de obra de reclusos y de materiales locales. En una época de escasos recursos, caracterizada por la transición de la Colonia a la República, se hizo difícil la culminación de este monumento, debido principalmente a su dimensión  de guarecer a dos mil hombres.

El cuartel fue llamado “San Carlos” en honor del monarca Carlos III, en cuyo reinado se efectuó la construcción, así como la del cercano puente que fue bautizado con el nombre del rey, entre “Dos Pilitas y Portillo”.  Su reinado – que extendió también a las tierras conquistadas- a través de la explotación y comercialización de  la agricultura. Expulsó a los Jesuitas de sus dominios, confiscando sus bienes, y se proclamó a la Inmaculada Concepción patrona de España, concediéndole a Caracas, como orla que debería agregar a su escudo de armas, la inscripción: “Ave María Santísima sin pecado concebida desde el primer instante de su ser natural”. Durante el periodo de este monarca se inició un servicio postal entre España y Venezuela (1764),  y se puso fin a la Compañía Guipuzcoana (1785).

Ciertamente San Carlos fue un religioso italiano, que nació en 1538. Pío V, lo nombró Cardenal y Arzobispo de Milán en 1560. Principal redactor del Catecismo Romano, fundó seminarios, hospitales, escuelas, dando ejemplo de la humanidad a raíz de la peste que asoló a la ciudad en 1576. Murió en 1584, canonizado por Paulo V en 1610.

El nuevo Cuartel “Veteranos de Caracas”, con Hospital Militar anexo, fue inaugurado por el Gobernador, Coronel Juan Guillelmi (1786 – 1792), en cuyo mandato  culminó además el puente de Anauco y la Casa de Misericordia. Durante su administración fue establecida en Caracas la Real Audiencia, autorizada por Real Cédula del 31 de julio de 1786, y se efectuó la primera exportación de café por el puerto de la Guaira, con destino a Trinidad.

Durante el terremoto de 1812, el Cuartel “San Carlos” quedo completamente destruido  envolviendo  a sus tropas;  esbozándose un panorama desolador.  Durante el gobierno del General Carlos Soublette comenzarón las restauraciones   pero su culminación  fue bajo la presidencia del ilustre americano. El  alojamiento de las tropas durante este siglo, funcionó en el Cuartel de Milicias, Cárcel Pública, y en los Conventos de San Jacinto y San Francisco.

En el año de 1900 otro terremoto destruye nuevamente parte del edificio, incluyéndose esta vez durante la reconstrucción, la prolongación de las Naves Este y Oeste, la construcción del edificio de enfermería y de las cuatro garitas de las esquinas, mientras que en 1946 se inserta el edificio de la Comandancia, localizado en el Patio Central.

El 6 de octubre de 1986 es declarado “Monumento Histórico Nacional”. La fortaleza también fue utilizada como prisión militar y política hasta 1994. El Cuartel San Carlos es una edificación militar colonial de Caracas,  han tenido varios nombres: Cuartel de la Trinidad, Cuartel de Veteranos y Cuartel de Santa Ana, se encuentra entre las esquinas de “Dos Pilitas a Cuartel ” en la Parroquia Altagracia del Municipio Libertador 

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sábado, 23 de abril de 2011

Muerte de María Teresa única esposa de Bolívar

Pintura sobre lienzo de Tito Salas. Casa Natal del Libertador Simón Bolívar. Caracas - Venezuela.

Breve Biografía de Tito Salas:
Nació en Caracas un  8 de mayo de 1887 en Antimano, y murió en la misma ciudad el 18 de marzo de 1974. Pocos le conocieron por su nombre,  Antonio Salas Díaz  pero al decir “Tito Salas”,  todos hacemos reverencia al  pintor venezolano que concibió obras magistrales  de nuestra épica historia venezolana.

La formación artística de Salas se desarrolló en la Academia de Bellas Artes de Caracas. En 1905 viaja a París para estudiar en la Academia Julián, bajo la dirección del maestro Jean Paúl Laurens. En 1906, en un viaje a Italia aprecio el género histórico de algunos artistas italianos ese mismo año fue premiado por su obra La San Genaro. Al año siguiente, le otorgaron la medalla de Segunda Clase en el Salón de Artistas Franceses en París. Ganó Medalla de Oro en la Exposición de Bruselas, en 1909.

Al regresar a Venezuela le confiaron como artista  la decoración de la Casa Natal de Simón Bolívar, en Caracas, la cual restauraba Vicente Lecuna. En dicho recinto ambientó la vida del Libertador en diferentes murales, por mencionar: El bautizo, su matrimonio y la muerte de su esposa María Teresa, la Batalla de Araure, Toma de las Flecheras, Emigración de 1814, entre otros.

Posteriormente, Salas emprendió la decoración del Panteón, el Congreso,  hoy en día Asamblea Nacional y el Museo Urdaneta de Maracaibo. En 1970, poco antes de su muerte, Salas pintó para la residencia presidencial “La Casona”,  una obra titulada Los Causahabientes, que representa en un conjunto a los Presidentes de Venezuela que gobernaron durante el siglo XIX.