Premio Aníbal Nazoa 2013 por informar y enseñar sobre las Esquinas de Caracas.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Esquina de Cipreses: Homenaje a los Músicos del Padre Sojo


El cementerio del Oratorio de San Felipe Neri, que ocupó el lugar donde hoy se encuentra el Teatro Nacional, exhibía unos cipreses, retoño del que figuraba en la tumba de Napoleón, traídos por el señor Rudolf  Dolge a Caracas que admiraron a Humboldt y dieron nombre  a la esquina llamada anteriormente de “Juan Clemente”. Los cipreses, Cypresus sempervirens, tradicionalmente han sido utilizados como ornato en los necrópolis, desde los tiempos de la antigua Roma.

El sitio donde se encuentra actualmente el templo de Santa Teresa, existió el Oratorio y el convento de los monjes neristas rodeado por los particulares ciparisos, esta calle era muy frecuentada por los músicos Ambrosio Carreño, Juan Manuel, Juan Bautista Olivares, Marcos Pompa, Juan José Landaeta, entre otros artistas, “maestros y alumnos todos de la Escuela de Música “San Felipe”. Comentan los cronistas  que era corriente  observar al padre Sojo en su mula rucia recorrer “San Antonio de los Altos” donde tenía un fundo de café; retornando nuevamente para impartir sus armoniosas clases magistrales.  

Carmen Clemente Travieso en su obra “Las Esquinas de Caracas”, nos comenta con respecto al Padre Sojo que a la hora de su muerte  dejó heredera universal de sus bienes, obras musicales, alhajas y su biblioteca  a la congregación, daba libertad a su esclavo Pedro Antonio, legando a Lino Gallardo un violín y a  Isidro Olivares cien pesos. Dio orden antes de sucumbir que su cuerpo fuese enterrado “en el sepulcro común de los neristas”. Por tal motivo, hoy se ignora dónde están sus restos.

El cronista, Enrique Bernardo Núñez, llega a la conclusión de que: “La historia de la música de Caracas ha trazado una senda entre La Viñeta de la esquina del Padre Hermoso, el Oratorio de los Cipreses y la hacienda San Felipe en Chacao, donde se fundó la Escuela de Música del padre Palacios y Sojo, junto con Juan Manuel Olivares, teniendo como discípulo a José Antonio Caro de Boesi, natural de Chacao”.

Extinguidos los camposantos que se hallaban dentro de la ciudad por Guzmán Blanco, el patio desolado de los neristas fue alquilado para que funcionara allí, teatros de corral y circos ecuestres, que ya comenzaban a venir a Caracas. En 1883 fue convertido el lugar, en plazoleta erigiendo una estatua en honor a  Washington, imagen que luego fue trasladada  al tramo de la avenida Páez comprendido entre la avenida 9 de Diciembre y la  redoma de la Vega.  El día de la reinauguración,  19 de abril de 1921, fue descorrido el velo de la estatua de Bolívar en el Parque Central de Nueva York, obra del escultor venezolano, Nicolás Veloz.

Monumento a Washington erigido en 1883  en la plaza de Santa Teresa y luego trasladado al Paraíso en 1921-.


El presidente Cipriano Castro decretó la construcción del Teatro el 23 de junio de 1904, según proyecto del arquitecto Alejandro Chataing, entre sus obras podemos mencionar, “Villa Zoila”, quinta “Las Acacias”, en el Paraíso, la  Academia de Bellas Artes, el Palacio de Justicia, Ministerio de Hacienda (en la esquina de “Carmelitas”, lamentablemente demolido),  la Academia Militar de “La Planicie”, edificaciones que representan una época afrancesada en la Caracas de otros tiempos.

Teatro Nacional inaugurado en 1.905 bajo la presidencia de Cipriano Castro.



Un año después y con gran esplendor  fue  fundado el  “Teatro Nacional”, en 1905. A él  sólo llegaban espectáculos de segunda categoría. No obstante, fue uno de los teatros más bello que  tuvo Caracas a comienzos de siglo. Y los domingos  celebraba funciones para el pueblo.  Los precios de la primera función fueron: Palco de seis asientos Bs.36, tribuna Bs.7, primera fila Bs.6, patio Bs. 5 y galería Bs. 1.
De los cipreses que encantaban a los transeúntes y la dulce melodía de los músicos dirigidos eternamente por el Padre Palacio y Sojo, ya que sus cenizas se perdieron en ese lugar; solo queda el nombre  de los tupidos arbustos en forma de agujas góticas  que ha pasado a la tradición caraqueña.  

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